Provincia Regina Apostolorum - Argentina Sur
Europa


Alemania Hna. Olivia Dresch PDF Imprimir E-mail

Hace unos años atrás, cuando me estaba preparando para mis votos perpetuos, un Capitulo General de nuestra congregación, envió un pedido de ayuda. Decían que espiritualmente, Alemania estaba como una planta seca y se estaba muriendo por falta de vocaciones. Pedían voluntarias para abrir nuevos caminos de evangelización en tierra germana, pero la verdad es que casi nadie quería ir allá porque la pastoral es aburrida y nada gratificante. Yo dije que alguien tenía que responder a ese desafío y escribí una carta ofreciendo mi disponibilidad para trabajar en Europa. En Alemania, me encontré con otra realidad: con el clima, la comida y una cultura completamente distinta.
 



 
MEM: ¿Cuál es tu servicio concreto en Alemania?
  
Me ofrecieron un proyecto para acompañar a gente marginada que trabajan como “recolectores de basura”. Ese oficio les permite reintegrarse en la sociedad asumiendo horarios y responsabilidades de una vida normal adulta.  La mayoría de ellos, antes tenían un trabajo, estudio y una vida normal, pero decayeron al perder su empleo y se deprimieron, terminando en la droga o el alcohol. Así, muchos de ellos perdieron a sus familias y terminaron viviendo en
02-hnaolivia-1.jpg la calle. Recién ahora vuelven a recapacitar y eso es como un signo de vida y de esperanza.
Dentro del mismo proyecto, hay varias posibilidades: unos trabajan en carpintería, otros en zapatería o en pintura. En total tenemos 140 personas en proceso avanzado de reintegración social, y luego de trabajar casi un año, deben optar entre volver a su vida de antes o asumir una nueva responsabilidad para seguir manteniendo su nivel de vida y de autoestima. Por ejemplo, uno de los recolectores recibió ahora un trabajo como electricista, que era su oficio anterior y ahora puede volver a ejercerlo otra vez.  También tengo dos o tres personas que no son capaces de normalizar su vida, entonces vienen tres veces por semana para no recaer en un pozo depresivo.  Antes de empezar cada día, tenemos media hora de charla y consejos prácticos. Luego, salimos a visitar los barrios en nuestro camión y nos separamos en seis grupos, cada uno con su contenedor de 240 kg.  Cada grupo, se ocupa de un área determinada y recoge la basura de la calle. El camión pasa luego para cargar los seis contenedores. Todos tuvimos que aprender a seleccionar la basura. Lo que es papel en un tacho, lo que es de metal en otro y las cosas grandes aparte.   Ya mientras vamos recolectando la basura, vamos seleccionando. Después, en un cierto momento, surgió de la misma gente la idea de hacer algo más que una simple actividad laboral y fue así que inauguramos una capillita llamada TAK, que significa “encuentro”. Ellos mismo le pusieron el nombre. Allí nos encontramos todos los miércoles para un “empuje” espiritual y luego una cena comunitaria abierta para todos los que quieran. Vienen unas 50 personas cada noche y es una verdadera bendición de Dios como momento de encuentro.

MEM: ¿Cuál es tu rol específico como misionera? 

 Mi servicio es acompañar a la gente, no solo mostrarle a cada uno su sector de trabajo y lo que deben hacer, sino brindarles contención, cariño y apoyo para que recuperen su dignidad de personas y valoricen nuevamente sus vidas.
El solo hecho de mirarlos a la cara, eso ya los hace revivir. Me impresionó muchísimo cuando una persona me dijo: “que lindo es tener a alguien que me mire a los ojos”. Por que a los pobres nadie los mira. A ellos, si le das importancia, ellos vuelven a revivir. Hay un señor por ejemplo que es alcohólico. Hace un esfuerzo cada día, y me pide que lo ayude a controlarlo para no beber. El fin de semana igual se alcoholiza, porque le duele su soledad pero el domingo deja de  tomar, para poder trabajar el lunes. Todos tuvimos que aprender a seleccionar la basura. Lo que es papel en un tacho, lo que es de metal en otro y las cosas grandes aparte.   Ya mientras vamos recolectando la basura, vamos seleccionando.  Va mejorando pero poco a poco, porque es una adicción que viene de años. A pesar de la riqueza y la tecnología, es interesante ver este tipo de pobreza en Europa. Muchos me dicen, sin mala intención:”Para nosotros, es una vergüenza que venga una argentina y nos muestre lo que es la solidaridad con  los pobres”. Otros me cuestionan: “¿Por qué trabajas en la calle juntando basura? y yo le dije: “detrás de la basura hay personas que necesitan ayuda”. Lo que hago es defender los derechos humanos y jugarme por la justicia porque ellos saben que cuando alguien les quiere hacer algún daño, yo los defiendo, y es bueno que ellos hayan vuelto a confiar en alguien. Al principio, no podía hablarles de Dios porque ellos no llegaban a conectar a Dios con su tendencia de auto-destrucción, pero el hecho de darles cariño, tenerles paciencia y escucharlos, los ayuda a volver a confiar y a descubrir el amor de Dios a través de nuestro cariño.

MEM: ¿Cuál es tu mayor alegría y cuál tu mayor tristeza en este servicio?

Mi mayor tristeza es ver destruida la vida de esta gente marginada, solitaria y abandonada. En un país tan rico, uno piensa que no debería encontrar gente en esas condiciones, y sin embargo hay gente herida y solitaria, porque nadie tiene  tiempo para sentarse a escuchar al otro.  Mi mayor alegría es ver a uno de estos corazones rotos por la vida, recuperar su dignidad como persona y sonreír. Consideró lo que vivo como una experiencia y un regalo de Dios. Un regalo de El, porque no lo elegí, sino que se me dio y lo realizo con mucha alegría y convicción. Lo que también me ayudo mucho, es mi forma de ser. Nosotros, los latinos, somos muy alegres, abiertos y espontáneos. No tuve problemas de ponerme a juntar basura con ellos y eso los ayudo a ellos a perder la vergüenza.  Lo que siempre me impulso a hacer este trabajo es la frase de Jesús: "no hay mayor amor que dar la vida por sus amigos”, y esa frase me acompaña en cada jornada.


                                                      Hna. Olivia Dresch ssps  /
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